miércoles, 31 de diciembre de 2014

2015, ¿estoy preparada para tí?

Quizás sea lo mejor, para las propuestas arrastradas por todo lo largo del año que en su lecho de muerte está, de un modo metafórico, claro. Quizás sea la mejor manera de limpiar la mente y re-proponerse aquellas metas. Aunque, siendo el ser humano tan vago y, de vez en cuando, renuente hacia cosas que requieren cierta dedicación, tampoco merece tanto la pena. Pero, dejemos a la raza en general. He aquí la verdadera cuestión de esta hilera casi interminable de palabras: 2015, ¿estoy preparada para tí? Nadie me responderá, dado que algo abstracto no me va a dar la respuesta. ¿De verdad quiero que se acabe el año? A ser sinceros, 2014 ha sido algo diferente, en varios aspectos. No, no te voy a decir, como muchas, que fue un 8/10/11 de Julio perfecto. Lo mejor me haya pasado al rededor de esas fechas fue mi cumpleaños. Sí, nada extraordinario. Pero, quién hubiera estado en mis zapatos para ver cómo he evolucionado, mentalmente -porque, querido lector fantasma, físicamente puedo decir que sigo siendo la misma auto-decepción de siempre-. He pensado, he racionalizado, he cambiado de aspectos de ver las cosas, de parecer, he mejorado pizca por pizca.
Por eso, mi miedo es no saber si estoy realizada con este año como para empezar otro. Me comeré las 12 uvas -que ni me darán un respiro ni para tragármelas-, pediré un deseo -que no falte esa tradición-, pensaré que seré capaz de realizar mis metas, y cuando empiece el año, 00:00, 00:01, 00:02..., me iré dando cuenta. ¿Esto no es lo que pedí el año pasado? Que, como bien digo, uno no ha de rendirse si realmente quiere algo. Pero, ¿quién no ha pensado nunca que tenemos demasiadas oportunidades para cumplirlo? Quizás lleguemos a realizarlo, quién sabe. Quizás es solo una pregunta tonta, de la que te olvidas en dado momento.
Pero ahí sigue, 2015 a la espera de nuestras ilusiones. A la espera de mi temor. 2015 es un año nuevo, aguarda sorpresas, inquietudes, malos sabores de boca. Es un libro nuevo, la secuela del 2014. Quien quiso leerse las 365 páginas, decidirá escribir ahora otras 365.
2015, ten piedad de mí, soy pequeña y torpe. Tú eres gigante y omnipotente. Quiero aprovecharte, quiero vivirte mejor que al  2014, a ser posible. ¿Qué hay de mis viejas-nuevas propuestas? ¿Las dejarás en el aire, como todos? ¿Decidirás coger papel y boli, por fin? ¿Serás bueno conmigo? ¿O me dejarás al azar?
2015, creo que estoy preparada para tí.






jueves, 4 de septiembre de 2014

Life sucks, but you are here

" They say I'm too young to love you 
I don't know what I need "

Estoy triste de no poder sentirle, me sumo en mis pensamientos rodeada de mantas y puede que una tarrina de helado... Parecerá absurdo, ¿quién se pone así por alguien inalcanzable, en todos los sentidos? Lo siento si parezco una idiota, pero no puedes cambiar mi perspectiva sobre las cosas. Cada uno tiene sus cosas raras, eso que no quieres que nadie descubra. Pero no lo elegí yo, nadie elige de quién se enamora, ya bien si está a la vuelta de la manzana como si está en la otra punta del continente. ¿Qué? ¿Que no tiene sentido lo que digo? No lo creo. Estoy bastante segura de que todo tiene una relación. ¿De quién crees que hablo? ¿De un chico que me encontré en el supermercado y no conozco de nada, pero que aún así le amo? Entonces, estás muy equivocado. ¿Quién se imaginaría que hablo de una persona conocida mundialmente y que vende millones de discos? No te lo esperabas, ¿verdad? Parece de locos, lo sé. Mi vida nunca ha sido normal del todo. Sólo tienes que ver qué ha causado en mí alguien que no tiene ni idea de ello, que ni es consciente de que mata y salva a la par a millones de personas con solo una mirada. Alguien que ni habla mi idioma, alguien que no es invisible de ningún modo, cuando, en cambio, ser no vista es mi mayor don.
No me mires como si estuviera loca, todo esto no es ninguna chorrada de adolescente con hormonas revolucionadas. Solo él me hace sentir apreciada, solo él adora mis simples pequeñas cosas. Solo él  provoca, no mariposas, si no caballos en mi estómago. En una ciudad a oscuras, él es como esa farola que no se ha apagado todavía. Esa luz de esperanza. Su risa es como un salvavidas, una especie de droga adictiva que te hace aun más feliz. Un antidepresivo. Su mirada me hace sentir arropada y protegida.
Me aflige el hecho de no poder verle nunca tan cerca, pero necesito ese sentimiento para seguir con vida. Puede parecer "masoca", pero eso me gusta. Esa sensación en el pecho que me abstrae y duele. Sin ella, no puedo sentirme del todo bien en todo el día. Si no suelto un par de lágrimas por él, no me siento liberada. Ya ves, personita, lo que una persona puede provocarte, inconsciente de sus hechos. Eso, es amor. A mí me han disparado una bala rebosante de aquella bendición/maldición llamada amor.





Traicionera realidad

Lloras. ¿Por qué lloras? Tal vez, no lo sepas. No tienes la menor idea de por qué lloras, no eres consciente de aquellas saladas gotas que nacen y mueren en cuestión de segundos, saliendo de tus orbes y más tarde chocando con el suelo como tú chocas con la realidad. Sí, exacto, eso es. La razón por la que lloras es la realidad. De un momento a otro, sin tú darte cuenta sientes cómo te anuda la garganta y te echa sal en los ojos. Cómo, ella tan traicionera, machaca tus esperanzas reduciéndolas a cero. Tú no hiciste más que llegar de una mañana agotadora, tirando la mochila sin importarte dónde habrá caído. Solamente te derrumbaste en tu cama con la única intención de desvanecer temporalmente. Pero no tuvieron que pasar minutos para darte cuenta de que no puedes salir. No, te has vuelto frágil, estás hecha de porcelana, no tienes fuerza para seguir trepando hacia la luz, la esperanza. Pero, ¿cuándo te convertiste en lo que eres? ¿En qué momento te evaporaste? Tú, que siempre ibas acorazada y armada para los peores momentos. Que seguías luchando por muchas heridas que luciera tu cuerpo. Que caías tres veces y tres te levantabas. Ya, lo sé. No puedes más, ¿no es eso? Sí, lo es.
Esta claro el porqué: la realidad te ha dado de hostias.

lunes, 25 de agosto de 2014

No, mundo.

He perdido la cuenta de cuántas veces he procurado convencerme a mí misma de que estoy en mi lugar, y todas ellas han sido en vano. De algún modo que no logro comprender me siento fuera de lugar. Mi manera de ser es diferente a la de los que me rodean. Solo sé que, por muy española que sea legalmente, esencialmente no soy de aquí. Las corazonadas me llevan al norte del continente, allí de donde vinieron cinco y destrozaron mi lógica. Y es que mi raíz no está aquí, una minúscula parte de mi familia ha sido de España. Somos como una familia nómada, que va del Caribe a Europa, y de ahí a dondequiera que sea. Todo me inconforma, todo me insatisface, este lugar no me da lo que necesito. No, mundo, yo no quiero inviernos congelados y veranos extremos. No quiero paisajes secos y extensos huertos. No quiero campos de trigo. No quiero volver a oir historias de Quijote en mucho tiempo. Yo quiero campos verdes recién mojados por la fresca lluvia nórdica. Quiero cielos grisáceos y agradables lloviznas. Quiero cabinas rojas y volantes a la derecha del vehículo. Quiero cultura inglesa, quiero ver el Big Ben con mis propios ojos y contemplar la bella Londres desde el punto más alto del London Eye. Quiero salir corriendo detrás de las palomas cuyo nombre tienen todas por "Kevin". Quiero hablar en inglés sin hartarme y empezar una nueva vida allí. No, mundo, no quiero España. Yo quiero Inglaterra.