Por eso, mi miedo es no saber si estoy realizada con este año como para empezar otro. Me comeré las 12 uvas -que ni me darán un respiro ni para tragármelas-, pediré un deseo -que no falte esa tradición-, pensaré que seré capaz de realizar mis metas, y cuando empiece el año, 00:00, 00:01, 00:02..., me iré dando cuenta. ¿Esto no es lo que pedí el año pasado? Que, como bien digo, uno no ha de rendirse si realmente quiere algo. Pero, ¿quién no ha pensado nunca que tenemos demasiadas oportunidades para cumplirlo? Quizás lleguemos a realizarlo, quién sabe. Quizás es solo una pregunta tonta, de la que te olvidas en dado momento.
Pero ahí sigue, 2015 a la espera de nuestras ilusiones. A la espera de mi temor. 2015 es un año nuevo, aguarda sorpresas, inquietudes, malos sabores de boca. Es un libro nuevo, la secuela del 2014. Quien quiso leerse las 365 páginas, decidirá escribir ahora otras 365.
2015, ten piedad de mí, soy pequeña y torpe. Tú eres gigante y omnipotente. Quiero aprovecharte, quiero vivirte mejor que al 2014, a ser posible. ¿Qué hay de mis viejas-nuevas propuestas? ¿Las dejarás en el aire, como todos? ¿Decidirás coger papel y boli, por fin? ¿Serás bueno conmigo? ¿O me dejarás al azar?
2015, creo que estoy preparada para tí.
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